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El increíble motivo por el que #Trump salió en «Mi pobre angelito 2»

«Disculpe, ¿el vestíbulo?», le dice Kevin McCallister en ‘Mi pobre angelito 2: Perdido en Nueva York’, a un señor con una gabardina negra al pasear por los lujosos pasillos del Hotel Plaza de Nueva York. «Al fondo del pasillo, a la izquierda», le responde un hombre rubio con corbata roja que despierta una gran reacción en los espectadores: ¡Es nada más y nada menos que Donald Trump!

Trump, en «mi Pobre angelito 2»

El cameo de Trump en la secuela de la película que hizo famoso a Macaulay Culkin no era el primero del ahora presidente de Estados Unidos en el cine o la televisión, y mucho menos el último. Después le veríamos en El Príncipe del Rap (en Bel-Air) La Pandilla: los pequeños traviesos, pero el caso de ‘Mi pobre angelito 2’ es especialmente relevante gracias a lo que ha desvelado Matt Damon en una entrevista con The Hollywood Reporter: «El trato era que si querías rodar en uno de sus edificios tenías que escribirle un papel».

Trump compró el Hotel Plaza en 1988, con lo que llegado el rodaje de Mi pobre angelito 2, el entonces empresario pudo permitirse el lujo de hacer semejante petición. De hecho, Damon cuenta que algo similar pasó en el rodaje de ‘Perfume de mujer’ (1992), la película protagonizada por Al Pacino. El director, Martin Brest, tuvo que escribir algo en ‘Perfume de mujer’—y el equipo entero tuvo que involucrarse, dice Damon. «Tienes que perder una hora de tu jornada en una mie* de toma: Donald Trump entra y Al Pacino dice ‘Hola, señor Trump’ — porque tenías que llamarle por su nombre** — y después sale de la escena».

La secuencia de ‘Perfume de mujer’ acabó fuera del montaje final, tal y como contó el actor Chris O’Donnell en una entrevista para Conan O’Brien, pero no así en ‘Mi pobre angelito 2’. «Pierdes un poco de tiempo para conseguir el permiso de rodar en uno de sus edificios y después puedes deshacerte de la escena. Pero supongo que en ‘Mi pobre angelito 2’ decidieron dejarla».

La condición de Trump se concretó luego de que los productores tomaran contacto con él para describirle el guión y para hacerle saber lo que querían filmar en su hotel. Sin embargo, no era seguro que mantuvieran esa escena para el estreno de la película y tomaron la decisión solo cuando vieron la reacción de la gente.

«La gente aplaudió cuando Trump apareció en la pantalla, así que le dije a mi editor: ‘Déjalo en la película. Es un momento para la audiencia’. Pero sí, se metió en la película con intimidación», reveló Columbus.

El cameo de Trump en aquella película de 1992, un filme que acabaría amasando más de 170 millones de dólares en Estados Unidos , le conseguiría más escenas en otras películas. Aquello hizo que Trump se convirtiera en parte de la mitología neoyorquina, algo que a su vez le encumbraría como celebrity indispensable de la metrópolis y, por supuesto, outsider en la carrera por ser presidente del país.