Una joven transexual que había comenzado una vida con su nueva identidad murió a causa de las diecinueve puñaladas que le propició su victimario en la ciudad boliviana de El Alto.
El suceso se produjo en un hostal de un barrio popular de la ciudad y sin que se tenga ningún rastro del supuesto asesino, ya que el alojamiento “no tiene cámaras” y “no tiene registro” de la persona que acompañó a Gabriela R. y que se cree es su supuesto agresor.

La activista Luna Humerez, que también es presidenta de la Organización de Travestis, Transexuales y Transgénero de Bolivia (OTRAF), precisó que Gabriela, de 19 años, recién había terminado la secundaria y “tenía intenciones de cursar una carrera universitaria”.

Gabriela había dejado su natal Guayaramerín, una población amazónica en plena frontera con Brasil a más de 1.000 kilómetros de El Alto, porque quería poner en reserva su identidad y «volverse la mujer que siempre ha querido ser», acotó la dirigente de OTRAF.
La activista inclusive señaló que la joven había completado su «transición«, es decir, aquellos pasos que la convirtieron en una «completa mujer trans» y se trataba de una persona «tranquila» y querida dentro de ese colectivo.

